domingo, 6 de noviembre de 2016

Yakov...



Yakov solía comer todos los martes, poco más o menos, indisolublemente en el multirracial   Je T’Aime, café modernista de hipotético choque sociocultural con titulo de ostentosa realeza, sí, Yakov era un arquetipo forzosamente mediático y coercitivo…fácil de relegar, de estrías grotescas y amanerado…escapado de la viñeta de un cómic macabro, designando vacante la plana ambarina del esbozo, evadiendo el esferográfico de los aciagos designios del guionista y proyectante, calculadores del diseño comercial sin entelequia…no, Yakov no estaba dispuesto a que expiraran su caricatura a un insustancial magazín de exposición.

Experimentaba un vino amontillado y un ardor en las mejillas…se deleitaba del escenario de ofrenda que la bienhechora existencia le confería. Se hallaba sentado en el anochecer de la barra del refectorio escuchando los Aventis que los sirvientes prodigaban entre risa y carcajada, mientras recogían efugios de una extensa y ruda jornada de labor. El ostracismo había trillado un anónimo personaje en su andurrial…Yakov le echó una ojeada con inusitada extrañeza ¿Qué hacía allí, aquel, inmediato a él? ¿El local subsistía tan saturado que no había opción de ubicarse en otro término? Claro que no. El envite era ajeno a inclinaciones, ya que se encontraban a solas a excepción de los camareros y de un músico que afinaba su saxofón. Conclusión, no correspondía inquietarse, mera y llanamente un señor vete-a-saber-la-causa se hallaba allí sin más doctrina que una indisposición, un equívoco…requería fuego o algo prestado ¿vendía flores? Talmente la soledad del antro le desbordaba… ¿querría hacerle una confesión, algo había acontecido y comparecía a facturar el mensaje?... ¿una virulenta crónica, un incidente…?. Yakov comenzó a sudar, deslizándose un pañuelo por la frente. No podía ser grave reparando en la impavidez de su semblante…el asunto es que no le resultaba del todo incógnito y sin embargo aquel no le había saludado ni presentado su apremio ¿despertó sin prestezas? ¿Estaría huyendo de alguien? ¿Era Yakov su coartada? ¡Solicitaba dialogo! ¿Pues porqué no exponía nada?... solo miraba con unos ojos penetrantes que no le deponían indiferencia… pero no le daban a entender. Cada vez estaba más seguro de que le conocía de alguna situación conjunta, ¿en el ascensor, en la empresa?…quizá fuera el portero de uno de los hoteles que frecuentaba, o se habían cruzado en el crucero del verano…AAAH…ensoñación… recordaba Idra, isla blanca de piedras perdidas y rocas golpeadas por olas mordidas y cavernas hendidas entre las notas  de “Terra”del Bahiano Caetano Veloso, Idra, anclada en el egeo griego…

Yakov revive en diferente cultura la misma escena caleidoscópica de emotividad y sensación de encuentro con la naturaleza de virgen elemento      …marineros pintando en el mar calles estrechas de grises pinceladas… arrojaban el cebo y se asilaban en la contemplación de los agrestes acontecimientos.

Aquel, vestía elegantemente un traje negro de franela, camisa de tonos asalmonados, aderezada impecablemente con un chaleco a juego. Se le notaba satisfecho y holgado dentro de su prenda, cómodo, tradicional a esas ropas de selecta delineación. Con ello Yakov llegó a la ilustrada consumación de que el individuo residía afinadamente conveniente en su papel…innegable que era un conocido al que no recordaba…qué pésima memoria,¿un viejo amigo de la Universidad?, si, si, quedaba convencido de conocerlo, le tenía visto…¿pero donde?...simétricamente, Yakov principiaba a quedar harto, no se tenía que alarmar …qué más daba quien fuera, en su conversación le diría lo mal educado de su conducta y añadiría- aunque faltara a la verdad- que ese sitio ya estaba ocupado. Meditó largo y tendido y cuando por colofón decidió pasar a la acción, un financiero del establecimiento se le adelantó, acercándose con altivo porte y dirigiéndose hacia aquel hombre enigmático…Yakov suspiró conforme y aplacado con una sonrisa en los labios, justamente no tendría que brindar un espectáculo que por otra parte le resultaba del todo desagradable. Ahora le indicarían con buenas formas como era natural en una educación distinguida-y le constaba que el local era refinado de primerísima categoría y excelentes costumbres- si podía hacer el favor de levantarse y mudar de asiento, si pretendía permanecer en la estancia.

Así que llegó el anfitrión y le habló, apuntó algo que a Yakov dejó asombrado…helado…le hizo un gesto de reconocimiento mientras le

preguntaba si todo había sido de su agrado, aquel asintió y le dio unos billetes, a la sazón se levantó, acto que a Yakov le ocasionó un intervalo de respiro ya que al punto quedó petrificado cuando el propietario le dio a aquel las buenas noches acompañándolo al portón giratorio de la salida, este hecho no hubiera significado decididamente nada si el nombre con que le despidiera no fuese el de Yakov Petrovich Goliadkin.

                                                                         

Nota: Yakov Petrovich Goliadkin es el nombre del protagonista de la novela “El Doble” de F. Dostoiewski.     
- Relato y fotografías de Kim Bertran Canut.                                       

                                                          Mayo de 2003





















jueves, 3 de noviembre de 2016

domingo, 30 de octubre de 2016

Desenfocados por la vida...




Hay ventanas que permanecen cerradas y días que nunca amanecerán.
Me descubro reclinado en el dintel de las sombras, en mi cobertizo de palo colonial. Entonando canciones de tempestades y rudos marineros, mientras Dios, transita por las arterias de la metrópoli, abrazado a la vida con una gran cogorza al advertir lo que ha creado.
















jueves, 27 de octubre de 2016

Templo Gaudí...



"Paloma visitando a Gaudí"
(Sagrada Familia, Barcelona 2016)
Foto de Kim Bertran Canut
 

lunes, 24 de octubre de 2016

La Tribu...



 Permaneceré en solitario, y aprenderé a escuchar al amigo de la noche de ayer, que me relató la historia de las lluvias, que acontecieron sobre espíritus mojados por las aguas de la dársena.
 Un día muy, muy lejano, en una tribu humilde…allá donde crecían las raíces, la naturaleza reposaba, el cultivo de la vida y los sueños era apacible. Llegó el hombre blanco con su letal profecía, prometiendo oropeles y dorados. Regalando metales bañados de dolor, confusión y asesinato y fundó presencias de ausencia en la tierra indígena.
Vírgenes en los mercados de placeres donde se venden armas, niñas y alcohol a la ignorancia, selvas que llegaron a la ciudad.
 Los jóvenes, iluminados, abandonaron los poblados y a sus ancianos y se convirtieron en nativos indigentes en el asfalto de hormigón de polígonos de hielo, prisiones de libertad y olores mentales. Así emergió la nueva tiranía en una hacienda con caudillo y cuando, extasiados, quisieron regresar a su antigua morada, a la añorada existencia que les colmaba de gratitud, decidiendo demandar indulgencia por su desafortunado peregrinaje. Sombras blancas, encapuchadas con antorchas en las manos, quemaron su arrepentimiento y a la tribu pacifica. El humo de las llamas ahogó sus almas y allí mismo, carbonizados, se encuentran aun hoy con los grilletes de la sumisión, creando generaciones de miedo y desengaño. El mundo en que nos encontramos tú y yo.
         - Febrero 2009-




















jueves, 13 de octubre de 2016

LAUREADOS HORIZONTES DE MISMIDAD




La ley del silencio en la ladera más apartada de la cantera.
Una piedra chiquita, así…diminuta, casi integrada en la tierra dialogaba con una roca agreste…esculpida en la sabiduría de los elementos.
- ¿Porqué murió el humano, madre?, creía que era el preferido de la creación.
- Cierto, chinita, pensaba que era el rey, con derecho a manipular contranatura todo a su paso.
- ¿Se equivocaba? ¿No lo era?
- Desde Luego que erraba, no puede ser el principal protagonista aquel que destruye  y  arrasa con todo lo realmente necesario para la existencia del planeta.
- …pero tenía sentimientos…
- Sí, aunque muy pobres y superficiales…veneraba los materiales banales, eso es lo más triste…era un ser destructivo y pagó por ello…
- ¿Qué pasó, Madre?
- Un virus contaminó al hombre. Él mismo lo había creado en un laboratorio y se contagió con su propia avaricia…experimentaba con peligrosa radiación…
- ¿No tenían ya bastantes armas nucleares?
- Nunca tuvieron demasiado de nada, era una raza codiciosa…el poder científico abusó del control y las glándulas reproductoras quedaron estériles, a partir ese mismo instante nadie volvió a concebir y la ancianidad fue pereciendo convulsivamente hasta no dejar rastro de su paso por el mundo.
- ¿No había Clones?
- Acabaron como nosotras…simples fósiles.
- Ese mundo que quería conquistar…¿El virus no se llamaría ambición?
- Más bien liberación, las demás especies por fin vislumbraron el paraíso.
La roca y la pequeña piedra continuaron charlando de los cruentos sucesos hasta que se ocultó el Sol entre las montañas frondosas de árboles y vegetación.
Un terremoto inclinó el suelo y un desprendimiento acabó enterrando a los prehistóricos conversadores, en un fondo escueto de irresolución y consternación.

Noviembre de 2002





 
 


 







miércoles, 12 de octubre de 2016