Nacer y
crecer en silencio…sobre la penumbra del sombrío rincón. El hombre enlutado
piensa en nubes frescas y perladas, recaladas con el viento del oeste…cargadas
de agua… ¡hace tanta falta la lluvia en este descarnado desierto!Rasgueó
en su diario y dio largos paseos por los bosques de árboles segados, para el
consumo de los humanos…rasguños naturales. Echó una ojeada al cielo. En aquel lugar, a más de dos mil
trescientos metros de altitud, se respiraba bien…caminos sin petroasfaltar, el
poblado yermo y sereno. Colosales lagos…paisajes de perspectivas imperecederas
que residieron en su niñez, los conmemoraba en la adolescencia y actualmente,
ya en el oscurecer de su existencia, resolvía
reaparecer a sus vírgenes praderas. Hierba verde y rebaños pastoreando sin
limites, ni cercados prohibiendo la vida…juguetea con el tiempo que le queda, y
atraviesa el puente de troncos cercenados, montado sobre el frío riachuelo…en
este punto, un remanso abate en cascadas
sensoriales para su espíritu nativo, esencia,
que se desazonó en la metrópoli de la demencia…de miradas hundidas, en
muros emparedados de cemento y corazones fracturados. Apremia salvaguardar la
distancia y emerge solitaria la flor de una sola noche, resplandeciente luciérnaga,
sombra que le cobija entre los susurros de los grillos y el pájaro de ojos
magnos…en sus sueños los amores crujen…en la lejanía del espacio sigue rodando la rueda de la
esperanza, mientras silban cuchillas y proyectiles…El personaje sufre con los
pensamientos del ciclo pasado y fuga sus evocaciones como héroe proscrito…por
fin caen gotas y los nubarrones prometen tempestad… regresa contento y mojado,
hacia la casa, donde le espera una lumbre de paz y calor…por el camino entona
una canción de Dylan…sólo el viento sabe la respuesta…pregúntale…jueves, 27 de julio de 2017
Un lugar retirado (Junio 2008)
Nacer y
crecer en silencio…sobre la penumbra del sombrío rincón. El hombre enlutado
piensa en nubes frescas y perladas, recaladas con el viento del oeste…cargadas
de agua… ¡hace tanta falta la lluvia en este descarnado desierto!Rasgueó
en su diario y dio largos paseos por los bosques de árboles segados, para el
consumo de los humanos…rasguños naturales. Echó una ojeada al cielo. En aquel lugar, a más de dos mil
trescientos metros de altitud, se respiraba bien…caminos sin petroasfaltar, el
poblado yermo y sereno. Colosales lagos…paisajes de perspectivas imperecederas
que residieron en su niñez, los conmemoraba en la adolescencia y actualmente,
ya en el oscurecer de su existencia, resolvía
reaparecer a sus vírgenes praderas. Hierba verde y rebaños pastoreando sin
limites, ni cercados prohibiendo la vida…juguetea con el tiempo que le queda, y
atraviesa el puente de troncos cercenados, montado sobre el frío riachuelo…en
este punto, un remanso abate en cascadas
sensoriales para su espíritu nativo, esencia,
que se desazonó en la metrópoli de la demencia…de miradas hundidas, en
muros emparedados de cemento y corazones fracturados. Apremia salvaguardar la
distancia y emerge solitaria la flor de una sola noche, resplandeciente luciérnaga,
sombra que le cobija entre los susurros de los grillos y el pájaro de ojos
magnos…en sus sueños los amores crujen…en la lejanía del espacio sigue rodando la rueda de la
esperanza, mientras silban cuchillas y proyectiles…El personaje sufre con los
pensamientos del ciclo pasado y fuga sus evocaciones como héroe proscrito…por
fin caen gotas y los nubarrones prometen tempestad… regresa contento y mojado,
hacia la casa, donde le espera una lumbre de paz y calor…por el camino entona
una canción de Dylan…sólo el viento sabe la respuesta…pregúntale…miércoles, 19 de julio de 2017
Humos y misericordia… (25 septiembre 2011)
Nebulosas estatuas mitológicas que, se juzgan,
pintadas en el aire. Góndolas a contraluz, capiteles, juncos y caña,
fanales de aceite…música de la
Francia de finales de los cincuenta, en la Italia de los sesenta,
donde nos hallamos presentes, los cielos, cenicientas tonalidades, unidos con
los rojos pasión que abaten en el mar, acariciando, la plata de sus aguas…la
ciudad duerme, cada cual en su mundo, escribiendo el libro de sus vidas…miras
por la ventana y ves como caen las primeras gotas de lluvia, abajo, cruzando el
puente, divisas los paraguas de las gentes…como en un desfile, en la pasarela
de sus vivezas, corren a resguardarse. En la plaza una niña con impermeable y
gorro da de comer a las palomas. Los pescadores recogen redes y velas, y
acercan las
barcas al astillero, fuman sus pipas humeantes de Ámsterdam y
hunden memorias en el mar. Rondan las ruinas portuarias, chavolas de amigos y
conocidos indigentes que han prendido con maderas y cartones, fuego, a las
tinas y cubos de chapa, para calentar los huesos y el alma y
cocinar los atunes que cada amanecida,
los marineros, les traen para alimento…se sientan, juntos, como cuando eran
niños en la escuela…donde aprendían a soñar…unos tuvieron más suerte, a otros
las adversidades les enfermaron, sin embargo no han perdido el valor del afecto
y de la solidaridad y hoy, mientras comen con hambre, el pescado, sacan una
bota de vino y todos cuentan fábulas, ríen y beben, olvidando, por unos
momentos la dureza de la existencia…los autos comienzan a rodar a esas horas y
de las chimeneas de las fábricas, el
humo, fluye, contaminando el ambiente…no nacen flores en las aceras, no, solo
asfalto y restos de ruedas chamuscadas. Los
adoquines resquebrajados, forman charcos que los muchachos camino del
instituto, pisan con regocijo, sin
conocer lo que un día pretenderán
olvidar...jueves, 13 de julio de 2017
EL CHICO DEL PISO DE ARRIBA... (Otoño de 1989)

Me lo encontré por la mañana en el rellano de la escalera de casa, oí sus pasos mientras
cerraba la puerta con
llave. Alguien, a mi espalda, me saludó. Yo, como señal de cortesía, le devolví
el “buenos días” sin prestar demasiada atención, hasta que me giré y
lo vi, miré aquello y me
impresionó. Sin embargo, pude disimular mi repugnancia: su cuerpo no medía más
de medio metro, me recordó a los seres diminutos y monstruosos de las películas
de terror.
Su cara estaba completamente
desfigurada, no sabría decir si lo tenía todo en su sitio o si le faltaba algo.
Tenía la cabeza rapada por partes, como si se arrancara el pelo a mechones. Por
suerte tuve fuerzas para contener el asco que me dio, pero estoy seguro de que
él se enteró de todo lo que en esos
momentos me pasaba por la mente y por el estomago.
-Hola, vives aquí, ¿no? Yo estoy con mi madre en el piso de arriba, justo encima
del tuyo.
Me sonrió, y me pareció
extraño que un ser así pudiera tener todavía sentido del humor. Moví los labios
avergonzado:
-¿Tú eres el nuevo…?
Bueno, ya nos veremos, es que voy a llegar tarde al colegio, de hecho ya no
llego a tiempo.
Hice un gesto de
encogimiento de hombros.
-Tendré que correr…
-De acuerdo, como
prefieras, supongo que querrás ir solo, es que ¿sabes? llevo aquí un rato
esperándote, yo también voy a tu instituto y pensé…si no te importa, claro, que
podríamos ir juntos, a no ser que te moleste mi compañía o que te vean conmigo.
Se miró su corta figura.
Poco podía ver, pensé.
-No, no, qué
tontería…vamos, pero démonos prisa.
Mentí, ¿y qué otra cosa podía hacer?
-Gracias Jorge…es así
como te llamas, ¿Verdad?
-Sí, Jorge Santos ¿Y tú?
-Yo…eeehh, mira ya está
aquí el ascensor.
Bajamos sin hablar, un
poco incómodos (al menos yo).
Anduvimos por las calles
de Barcelona. Mi vecino me contó historias muy interesantes y me hizo reír con
sus ideas que fluían inteligentemente, con rapidez y gracia. Sus ocurrencias
casi me hicieron olvidar el apuro que daba ir a su lado, pensaba acalorado qué
dirían mis compañeros, cuando me vieran con un tullido enano lleno de muñones.
Llegamos y nos despedimos, dijo que iba a otra clase. Me alegré. Luego volvió
todo a la normalidad, igual que todas las mañanas.
Nadie me comentó nada,
supongo que no me vieron, mejor. Todo siguió con el mismo monótono aburrimiento
cotidiano, salvo que mi mente no estuvo allí en todo el día. Abstraído, pensaba
en el nuevo muchacho, qué rara sensación, me causaba malestar, pero por otro
lado sentía una necesidad de verle que aumentaba a cada minuto que pasaba. Me
preguntaba cómo podía vivir con tanta energía un engendro tan horroroso. En un
descanso intenté indagar sobre el chico nuevo. Nadie supo decirme, ni siquiera
estaban enterados de que hubiera llegado. Esto me confundió más, pues a esas
horas tendría que estar hablando de él, todo el instituto.
Esa noche soñé con mi
vecino de arriba. Su madre era como él, como un duende tras una dura guerra
perdida. Me invitaron a comer, y a medida que hablábamos, me daba cuenta de que
la batalla la habían ganado, pues si no fuera por el físico, eran personajes
maravillosos convirtiéndose en hermosas hadas, espíritus de los genios de la
tierra.
La mujer trajo y puso sobre la mesa un plato
lleno de cucarachas y otros asquerosos
bichos, él los comía mientras
reía a carcajadas. La madre también reía a gusto.
Después, trajo otro plato
cubierto y al destaparlo se pudo ver el contenido:
Mi cabeza asomaba
humeante, adornada con perejil y rellena de sensaciones de ridículo y burla,
todo se podía ver claramente, igual que en las bolas mágicas de las gitanas. La
cabeza miraba suplicante y las cucarachas entraban por la boca y los oídos,
devoraban la carne. Ellos dos me miraban y decían:
-¿Cómo te sientes ahora?,
ya sabes, ya conoces lo que es la desgracia, el sentirse comido. Ahora aprende
a resignarte. Yo lloraba y rogaba que me sacaran de allí y entonces el chico se
acercó y me hizo volver a la realidad, mientras una lágrima
Desperté empapado en
sudor, temblando de frío. Era temprano, me levanté y dejé caer una ducha con el
agua congelada sobre mi castigado cuerpo (¿por qué habré dicho lo de castigado?).
El solo pensamiento del chico del piso de arriba me perturbaba, me aturdía y a
la vez me tenía perdidamente obsesionado, como poseído, me mortificaba. No
sabía qué me ocurría y ese estado me inquietaba.
Con estos pensamientos ni
siquiera me había dado cuenta del tiempo que llevaba bajo el chorro de agua. De
pronto desperté y pegué un salto hacia la toalla. Había agarrado mucho frío y
tiritaba, me froté con la toalla y me vestí a toda prisa. Seguía siendo muy
temprano, pero temía que él no me esperara y necesitaba verle.
Madre me preparaba el
desayuno. De la manera en que me miró, seguro que dedujo algo de lo que me
estaba ocurriendo. Cuando preguntó me apresuré a negar con la cabeza.
-No pasa nada, mamá, no
te preocupes.
Ya sé que no se lo creyó,
pero tampoco podía contárselo. Aunque hubiera querido, ¿Qué le iba a contar? Le
di un beso agradeciendo que no me hiciera preguntas.
-Adiós mamá, hoy llegaré
pronto…te lo prometo.
La pobre mujer vino
detrás de mí, trayendo los libros y el bocadillo. De nuevo gracias, adiós, ¿Qué
te pasa?; nada, nada, adiós, cuídate hijo tienes mala cara.
-Sí, mamá, adiós.
Cerré la puerta de un
golpe, me había empezado a agobiar con tanta ceremonia.
Bajé por las escaleras y
allí en el portal me senté a esperar. Soplaba el viento, me subí el cuello de
la cazadora, podía estar diez minutos más aguantando las inclemencias del
tiempo. Cuando ya me iba, se abrió la puerta
-Hola Jorge, perdona que
me haya retrasado. Mi madre no se encontraba muy bien.
Me contagiaba su alegría
enigmática. Su mirada era triste, amarga, pero llena de comprensión. Estando a
su lado, el jorobado de Notre-Dame parecía yo, me sentía bien, orgulloso de ser
su amigo. ¿Me estaba volviendo loco? Creí por un momento que todo, incluso mi
vida, dependía de él.
-Vamos, llegaremos tarde…
-Si, si, claro, vamos.
Desplegó el paraguas y yo
lo aguanté mientras anduvimos por la misma calle.
Llegamos ante el edificio
negro de posguerra, subimos las escaleras y, ya resguardados, me dijo que se iba. Le pregunté
a dónde y por qué, y no quiso o no supo decírmelo.
-Ya no hace falta, ahora
nos hemos conocido.
De pronto, toda la lluvia
me cayó encima. ¿Qué habría querido decir? se lo preguntaría después.
Como el anterior, pasé el
día en otro mundo, ensimismado, pensando en el chico cuyo nombre ni siquiera
sabía. Pensé de qué manera me había cautivado su simple presencia. Pocas
palabras y creía conocerlo bastante bien, solo una incógnita me preocupaba. Di
un pretexto al profesor para poder salir antes, tenía la esperanza de
encontrarle, pero no fue así, por lo que me fui solo a casa.
Dormí otro extraño sueño.
El y yo corríamos contentos por el campo, el sol siempre se apoyaba en la
sombra de uno, así que cuando uno brillaba, el otro se apagaba, éramos
hermanos, la luz y la oscuridad nos delataban. Yo era un enano y un gigante y madre
nos llamaba, y era la voz de madre.
No pude llegar al final,
desperté sobresaltado, salté como un resorte de la cama, con la última duda
abrochándome los cordones de los zapatos.
Subí los pocos escalones
que separaban los dos pisos. Allí estaba, frente a la puerta, sin importarme el
ruido llamé al timbre con insistencia, hasta que oí unos pasos que se acercaban
y una voz que preguntaba. Le dije que era el vecino de abajo. La puerta se
abrió y un abuelo de pelo canoso asomó la cabeza.
-¿Qué te pasa chico?
-¿Dónde está él, el chico
pequeño…? No sé su nombre…
-¿Te refieres al tullido?
-Sí, ése, llámele.
-Mira chaval, si me estás
tomando el pelo se lo diré a tu madre. ¡Llamar a estas horas para esto!
-Necesito hablarle,
llámele por favor. Llámele…
-Te estás poniendo
pesado. El enano vive abajo, justo debajo de mi piso.
-¿Qué dice?, si ahí vivo
yo, no puede ser.
El viejo me cerró la
puerta en las narices, quizá tenía razón.
Me quedé allí un buen
rato, como un idiota. Caí como por un golpe.
Qué ciego había estado
todo el tiempo, bajé corriendo y antes de entrar me detuve, sonreí y miré mi
cuerpo pequeño, por primera vez respeté ese físico de ciencia-ficción. Me sentí
orgulloso de mi lucha para que todos compartieran mi visión y no compadecieran
la magia de los gnomos, genios de la
tierra habitada por los difíciles humanos.
sábado, 17 de junio de 2017
YAKOV (Mayo de 2003)

Yakov
solía comer todos los martes, poco más o menos, indisolublemente en el
multirracial Je T’Aime, café modernista de
hipotético choque sociocultural con titulo de ostentosa realeza, sí, Yakov era
un arquetipo forzosamente mediático y coercitivo…fácil de relegar, de estrías
grotescas y amanerado…escapado de la viñeta de un cómic macabro, designando
vacante la plana ambarina del esbozo, evadiendo el esferográfico de los aciagos
designios del guionista y proyectante, calculadores del diseño comercial sin entelequia…no,
Yakov no estaba dispuesto a que expiraran su caricatura a un insustancial
magazín de exposición.

Experimentaba
un vino amontillado y un ardor en las mejillas…se deleitaba del escenario de
ofrenda que la bienhechora existencia le confería. Se hallaba sentado en el
anochecer de la barra del refectorio escuchando los Aventis que los sirvientes prodigaban entre risa y carcajada,
mientras recogían efugios de una extensa y ruda jornada de labor. El ostracismo
había trillado un anónimo personaje en su andurrial…Yakov le echó una ojeada
con inusitada extrañeza ¿Qué hacía allí, aquel, inmediato a él? ¿El local
subsistía tan saturado que no había opción de ubicarse en otro término? Claro
que no. El envite era ajeno a inclinaciones, ya que se encontraban a solas a
excepción de los camareros y de un músico que afinaba su saxofón.
Conclusión,
no correspondía inquietarse, mera y llanamente un señor vete-a-saber-la-causa
se hallaba allí sin más doctrina que una indisposición, un equívoco…requería
fuego o algo prestado ¿vendía flores? Talmente la soledad del antro le
desbordaba… ¿querría hacerle una confesión, algo había acontecido y comparecía
a facturar el mensaje?... ¿una virulenta crónica, un incidente…?. Yakov comenzó
a sudar, deslizándose un pañuelo por la frente. No podía ser grave reparando en
la impavidez de su semblante…el asunto es que no le resultaba del todo
incógnito y sin embargo aquel no le había saludado ni presentado su apremio
¿despertó sin prestezas? ¿Estaría huyendo de alguien? ¿Era Yakov su coartada?
¡Solicitaba dialogo! ¿Pues porqué no exponía nada?... solo miraba con unos ojos
penetrantes que no le deponían indiferencia… pero no le daban a entender. Cada
vez estaba más seguro de que le conocía de alguna situación conjunta, ¿en el
ascensor, en la empresa?…quizá fuera el portero de uno de los hoteles que
frecuentaba, o se habían cruzado en el crucero del verano…AAAH…ensoñación…
recordaba Idra, isla blanca de piedras perdidas y rocas golpeadas por olas
mordidas y cavernas hendidas entre las notas
de “Terra”del Bahiano Caetano Veloso, Idra, anclada en el egeo griego…
Yakov
revive en diferente cultura la misma escena caleidoscópica de emotividad y
sensación de encuentro con la naturaleza de virgen elemento …marineros pintando en el mar calles estrechas
de grises pinceladas… arrojaban el cebo y se asilaban en la contemplación de
los agrestes acontecimientos.
Aquel,
vestía elegantemente un traje negro de franela, camisa de tonos asalmonados,
aderezada impecablemente con un chaleco a juego. Se le notaba satisfecho y
holgado dentro de su prenda, cómodo, tradicional a esas ropas de selecta
delineación. Con ello Yakov llegó a la ilustrada consumación de que el
individuo residía afinadamente conveniente en su papel…innegable que era un
conocido al que no recordaba…qué pésima memoria,¿un viejo amigo de la Universidad?, si, si,
quedaba convencido de conocerlo, le tenía visto…¿pero donde?...simétricamente,
Yakov principiaba a quedar harto, no se tenía que alarmar …qué más daba quien
fuera, en su conversación le diría lo mal educado de su conducta y añadiría-
aunque faltara a la verdad- que ese sitio ya estaba ocupado. Meditó largo y
tendido y cuando por colofón decidió pasar a la acción, un financiero del
establecimiento se le adelantó, acercándose con altivo porte y dirigiéndose
hacia aquel hombre enigmático…Yakov suspiró conforme y aplacado con una sonrisa
en los labios, justamente no tendría que brindar un espectáculo que por otra
parte le resultaba del todo desagradable. Ahora le indicarían con buenas formas
como era natural en una educación distinguida-y le constaba que el local era
refinado de primerísima categoría y excelentes costumbres- si podía hacer el
favor de levantarse y mudar de asiento, si pretendía permanecer en la estancia.
Así
que llegó el anfitrión y le habló, apuntó algo que a Yakov dejó
asombrado…helado…le hizo un gesto de reconocimiento mientras le
preguntaba
si todo había sido de su agrado, aquel asintió y le dio unos billetes, a la
sazón se levantó, acto que a Yakov le ocasionó un intervalo de respiro ya que
al punto quedó petrificado cuando el propietario le dio a aquel las buenas
noches acompañándolo al portón giratorio de la salida, este hecho no hubiera
significado decididamente nada si el nombre con que le despidiera no fuese el
de Yakov Petrovich Goliadkin.
Nota: Yakov Petrovich Goliadkin es el nombre del
protagonista de la novela “El Doble” de F. Dostoiewski.
domingo, 11 de junio de 2017
jueves, 8 de junio de 2017
lunes, 8 de mayo de 2017
LAS LLAVES DEL ILUSO (Octubre de 1996)
En esas horas de la madrugada en que todo duerme salvo el silencio,las estrellas comienzan el sueño y el astro rey limpia sus telarañas de fuego. Manolo, con su manojo de llaves camina por calles desiertas, respira el fresco aroma mientras bosteza, se siente cansado. Ha terminado su noche y toma el primer tren, casi vacío, que le lleva cerca de casa, donde nadie le espera.
Mientras sube la cuesta
enfangada, de lluvias de ayeres, sorteando los charcos de aguas turbias, donde
las gentes, se lavan en las mañanas de restricción, cada vez más frecuentes.
Manolo va pensando en las
miserias. Vive en la periferia de la gran ciudad, donde no se alzan edificios
ni comercios, ni una maldita fuente, sólo campos vertederos de basura y desguaces de chapas. Las familias
gitanas, apagan sus fuegos, las guitarras y gargantas ahogan los últimos
lamentos entre tragos de vino.
Manolo, siente la pasión del flamenco como un canto espiritual, tan
ancestral como el de los negros, allá en los campos de algodón de Nueva Orleáns
y se imagina el río casi seco, de las cloacas, que pasa junto a las barracas,
chozas y chabolas herrumbrosas, igual que el Missisipi, puede ver los barcos de
aspas que arremolinan las aguas. ¡Qué pobre es aquello!, incluso su pensamiento
es sólo fruto del libro de Mark Twain, que leyó siendo un chaval y tenía la
ilusión de viajar, porque el mundo se le representaba grande y estaba abierto
para él. Pero seguramente fue el mismo destino quien, no le permitió más que
vagar por las callejuelas sudorosas de una única y cruel ciudad, condenado al olor del metal
de las cerraduras y las llaves que cuelgan de
su cinto, ironía también, pues su humilde morada no la cierra una
puerta, sino una inmensa bandera vieja
de cuando aún creía en la tierra y sus dirigentes. Cuando haga frío, ha
jurado quemarla con su rencor interno y echar a andar sin detenerse ya jamás.
Quizá el destino le haya perdonado. Ha pagado un alto precio confiando y quien
nada tiene, nada pierde.
domingo, 23 de abril de 2017
"...divaguemos ligeros, que nos lleve el viento…"
La lluvia crea una nebulosa en el
tiempo…ya sale el tranvía y los hombres corren liándose con los paraguas, la
chica descalza con la maleta de cartón llegará tarde, pero le da igual, ella
disfruta del día salvaje, espíritus libres afloran en su camino, sombrero de
paja con flores mojadas en el pelo, y un corto y ligero vestido de Mary Quant.
Visitará la pequeña ciudad, verá la estatua violenta sobre mármol,
resquebrajada por la munición de un niño-soldado, alguien da vueltas en una
vespa de la segunda guerra mundial, mientras el capo gordinflón charla con el
clérigo, sentados ambos, en la terraza del hotel restaurante “piadosa camorra”,
toman un helado resplandeciente, apuntándote, con el cañón de su revólver en la
frente…las calles las transitan chicos encapuchados y, un hombre con dos
sombreros en la cabeza, saluda, a una anciana criolla, postrada en la silla de
la opresión…al fondo, el gueto del barrio judío…corriente humana, razas,
mestizaje, tribus urbanas, hálitos, uniformes, gorras, sonrisas y
suspicacias…graffiti sangrante en los tabiques del pensamiento, jovencísimas
mujeres “de la vida” deambulan por las aceras, los bancos no dan crédito y las
postales ya no llegan a esta parte de la metrópoli…Estancos y tabernas, no
busques librerías ni bibliotecas…aquí en la esquina encontrarás ganjah y coñac
de caña, guarapo y otras hierbas. Han desembarcado los marines y arman bronca
con los Hare Krishna, y los negros rastafaris, bailan sus danzas ancestrales de
soca y calipso y los “cacerolas de acero” crean música con viejos barriles de
petróleo. De una ventana de tronco colonial, acecha mister voodoo…Cuelgan carteles despellejados
de Malcolm X y Martin Luther King y “Alístate, lucha por tu país” y frases
insurrectas del Black power…la existencia fluye casi siempre con gentes
atribuladas, sin prisas, descoloridas y naufragadas, presenciando un partido de
futbol en un pequeño televisor sin voz, sin color, agitados los matices del
arrebato…un reverendo grita: “Jesús vive entre nosotros” y un visionario
despotrica contra la multitud, dice algo sobre la torre de babel y el
fenecimiento del mundo por las plagas del Apocalipsis. La policía carga contra
los panteras negras, que defienden a los hermanos de la parroquia…esto es un
collage viviente, y así, en cada jornada, hierve el puchero en el infierno de
tantos suburbios, en esta tierra socialmente enfermiza…y nada puedes hacer,
salvo, esperar tu ración de garbanzos…01-abril -2013

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