OH, magno vacío, escucha su aullar cual lobo lastimado. Deja que el errante encuentre su rastro, que este no quede borrado por las dunas de un desierto pasado, que las arenas frías del día no entierren amores ardientes, que un corazón comparta esa existencia sutil de la desesperación.
Sentado en la gran roca distingues las luces y las aguas y piensas en el placer del pájaro y tu pecho se apodera de un gran sentimiento de pasión, llora tu alma en la quietud y comprendes muy bien. Notas el carácter de la emoción y percibes el suave contacto de la vida. Hoy las estrellas siguen destellando en el cielo.
-En la adolescencia de 1977-
