Donde habite el olvido, sembraré pensamientos.Enterraré los momentos desagradables, más, procuraré rescatar de la memoria, los instantes mágicos de mi niñez, transcurridos en ese pueblo pequeño.
Veré sus casas de piedra y los tejados de pizarra.
Pobladito de gentes alegres, trabajadores del campo.
Recorreré las inmensas montañas…casi alcanzando el cielo.
Allí a los cuatro vientos, jugué de chico, con imaginación y soldaditos de plomo.
Todavía percibo el olor de los lápices, la goma de borrar y la tiza esgrimiendo en la pizarra de la escuela.
En las noches frías, antes de dormir, Enid Blyton y Julio verne me arropaban, con sus páginas amarillentas, plenas de aventura
…ah! Que tiempos tan fantásticos y entrañables, los de ayer…
