sábado, 17 de junio de 2017

YAKOV (Mayo de 2003)



Yakov solía comer todos los martes, poco más o menos, indisolublemente en el multirracial   Je T’Aime, café modernista de hipotético choque sociocultural con titulo de ostentosa realeza, sí, Yakov era un arquetipo forzosamente mediático y coercitivo…fácil de relegar, de estrías grotescas y amanerado…escapado de la viñeta de un cómic macabro, designando vacante la plana ambarina del esbozo, evadiendo el esferográfico de los aciagos designios del guionista y proyectante, calculadores del diseño comercial sin entelequia…no, Yakov no estaba dispuesto a que expiraran su caricatura a un insustancial magazín de exposición.
Experimentaba un vino amontillado y un ardor en las mejillas…se deleitaba del escenario de ofrenda que la bienhechora existencia le confería. Se hallaba sentado en el anochecer de la barra del refectorio escuchando los Aventis que los sirvientes prodigaban entre risa y carcajada, mientras recogían efugios de una extensa y ruda jornada de labor. El ostracismo había trillado un anónimo personaje en su andurrial…Yakov le echó una ojeada con inusitada extrañeza ¿Qué hacía allí, aquel, inmediato a él? ¿El local subsistía tan saturado que no había opción de ubicarse en otro término? Claro que no. El envite era ajeno a inclinaciones, ya que se encontraban a solas a excepción de los camareros y de un músico que afinaba su saxofón. Conclusión, no correspondía inquietarse, mera y llanamente un señor vete-a-saber-la-causa se hallaba allí sin más doctrina que una indisposición, un equívoco…requería fuego o algo prestado ¿vendía flores? Talmente la soledad del antro le desbordaba… ¿querría hacerle una confesión, algo había acontecido y comparecía a facturar el mensaje?... ¿una virulenta crónica, un incidente…?. Yakov comenzó a sudar, deslizándose un pañuelo por la frente. No podía ser grave reparando en la impavidez de su semblante…el asunto es que no le resultaba del todo incógnito y sin embargo aquel no le había saludado ni presentado su apremio ¿despertó sin prestezas? ¿Estaría huyendo de alguien? ¿Era Yakov su coartada? ¡Solicitaba dialogo! ¿Pues porqué no exponía nada?... solo miraba con unos ojos penetrantes que no le deponían indiferencia… pero no le daban a entender. Cada vez estaba más seguro de que le conocía de alguna situación conjunta, ¿en el ascensor, en la empresa?…quizá fuera el portero de uno de los hoteles que frecuentaba, o se habían cruzado en el crucero del verano…AAAH…ensoñación… recordaba Idra, isla blanca de piedras perdidas y rocas golpeadas por olas mordidas y cavernas hendidas entre las notas  de “Terra”del Bahiano Caetano Veloso, Idra, anclada en el egeo griego…
Yakov revive en diferente cultura la misma escena caleidoscópica de emotividad y sensación de encuentro con la naturaleza de virgen elemento      …marineros pintando en el mar calles estrechas de grises pinceladas… arrojaban el cebo y se asilaban en la contemplación de los agrestes acontecimientos.
Aquel, vestía elegantemente un traje negro de franela, camisa de tonos asalmonados, aderezada impecablemente con un chaleco a juego. Se le notaba satisfecho y holgado dentro de su prenda, cómodo, tradicional a esas ropas de selecta delineación. Con ello Yakov llegó a la ilustrada consumación de que el individuo residía afinadamente conveniente en su papel…innegable que era un conocido al que no recordaba…qué pésima memoria,¿un viejo amigo de la Universidad?, si, si, quedaba convencido de conocerlo, le tenía visto…¿pero donde?...simétricamente, Yakov principiaba a quedar harto, no se tenía que alarmar …qué más daba quien fuera, en su conversación le diría lo mal educado de su conducta y añadiría- aunque faltara a la verdad- que ese sitio ya estaba ocupado. Meditó largo y tendido y cuando por colofón decidió pasar a la acción, un financiero del establecimiento se le adelantó, acercándose con altivo porte y dirigiéndose hacia aquel hombre enigmático…Yakov suspiró conforme y aplacado con una sonrisa en los labios, justamente no tendría que brindar un espectáculo que por otra parte le resultaba del todo desagradable. Ahora le indicarían con buenas formas como era natural en una educación distinguida-y le constaba que el local era refinado de primerísima categoría y excelentes costumbres- si podía hacer el favor de levantarse y mudar de asiento, si pretendía permanecer en la estancia.
Así que llegó el anfitrión y le habló, apuntó algo que a Yakov dejó asombrado…helado…le hizo un gesto de reconocimiento mientras le
preguntaba si todo había sido de su agrado, aquel asintió y le dio unos billetes, a la sazón se levantó, acto que a Yakov le ocasionó un intervalo de respiro ya que al punto quedó petrificado cuando el propietario le dio a aquel las buenas noches acompañándolo al portón giratorio de la salida, este hecho no hubiera significado decididamente nada si el nombre con que le despidiera no fuese el de Yakov Petrovich Goliadkin.


Nota: Yakov Petrovich Goliadkin es el nombre del protagonista de la novela “El Doble” de F. Dostoiewski.                                             
                                        
                                                        











                 
               

domingo, 11 de junio de 2017

jueves, 8 de junio de 2017

lunes, 8 de mayo de 2017

LAS LLAVES DEL ILUSO (Octubre de 1996)


En esas horas de la madrugada en que todo duerme salvo el silencio,las estrellas comienzan el sueño y el astro rey limpia sus telarañas de fuego. Manolo, con su manojo de llaves camina por calles desiertas, respira el fresco aroma mientras bosteza, se siente cansado. Ha terminado su noche y toma el primer tren, casi vacío, que le lleva cerca de casa, donde nadie le espera.
Mientras sube la cuesta enfangada, de lluvias de ayeres, sorteando los charcos de aguas turbias, donde las gentes, se lavan en las mañanas de restricción, cada vez más frecuentes.
Manolo va pensando en las miserias. Vive en la periferia de la gran ciudad, donde no se alzan edificios ni comercios, ni una maldita fuente, sólo campos vertederos  de basura y desguaces de chapas. Las familias gitanas, apagan sus fuegos, las guitarras y gargantas ahogan los últimos lamentos entre tragos de vino.
Manolo, siente la pasión  del flamenco como un canto espiritual, tan ancestral como el de los negros, allá en los campos de algodón de Nueva Orleáns y se imagina el río casi seco, de las cloacas, que pasa junto a las barracas, chozas y chabolas herrumbrosas, igual que el Missisipi, puede ver los barcos de aspas que arremolinan las aguas. ¡Qué pobre es aquello!, incluso su pensamiento es sólo fruto del libro de Mark Twain, que leyó siendo un chaval y tenía la ilusión de viajar, porque el mundo se le representaba grande y estaba abierto para él. Pero seguramente fue el mismo destino quien, no le permitió más que vagar por las callejuelas sudorosas de una única  y cruel ciudad, condenado al olor del metal de las cerraduras y las llaves que cuelgan de  su cinto, ironía también, pues su humilde morada no la cierra una puerta, sino una inmensa bandera vieja  de cuando aún creía en la tierra y sus dirigentes. Cuando haga frío, ha jurado quemarla con su rencor interno y echar a andar sin detenerse ya jamás. Quizá el destino le haya perdonado. Ha pagado un alto precio confiando y quien nada tiene, nada pierde.












domingo, 23 de abril de 2017

"...divaguemos ligeros, que nos lleve el viento…"



La lluvia crea una nebulosa en el tiempo…ya sale el tranvía y los hombres corren liándose con los paraguas, la chica descalza con la maleta de cartón llegará tarde, pero le da igual, ella disfruta del día salvaje, espíritus libres afloran en su camino, sombrero de paja con flores mojadas en el pelo, y un corto y ligero vestido de Mary Quant. Visitará la pequeña ciudad, verá la estatua violenta sobre mármol, resquebrajada por la munición de un niño-soldado, alguien da vueltas en una vespa de la segunda guerra mundial, mientras el capo gordinflón charla con el clérigo, sentados ambos, en la terraza del hotel restaurante “piadosa camorra”, toman un helado resplandeciente, apuntándote, con el cañón de su revólver en la frente…las calles las transitan chicos encapuchados y, un hombre con dos sombreros en la cabeza, saluda, a una anciana criolla, postrada en la silla de la opresión…al fondo, el gueto del barrio judío…corriente humana, razas, mestizaje, tribus urbanas, hálitos, uniformes, gorras, sonrisas y suspicacias…graffiti sangrante en los tabiques del pensamiento, jovencísimas mujeres “de la vida” deambulan por las aceras, los bancos no dan crédito y las postales ya no llegan a esta parte de la metrópoli…Estancos y tabernas, no busques librerías ni bibliotecas…aquí en la esquina encontrarás ganjah y coñac de caña, guarapo y otras hierbas. Han desembarcado los marines y arman bronca con los Hare Krishna, y los negros rastafaris, bailan sus danzas ancestrales de soca y calipso y los “cacerolas de acero” crean música con viejos barriles de petróleo. De una ventana de tronco colonial, acecha  mister voodoo…Cuelgan carteles despellejados de Malcolm X y Martin Luther King y “Alístate, lucha por tu país” y frases insurrectas del Black power…la existencia fluye casi siempre con gentes atribuladas, sin prisas, descoloridas y naufragadas, presenciando un partido de futbol en un pequeño televisor sin voz, sin color, agitados los matices del arrebato…un reverendo grita: “Jesús vive entre nosotros” y un visionario despotrica contra la multitud, dice algo sobre la torre de babel y el fenecimiento del mundo por las plagas del Apocalipsis. La policía carga contra los panteras negras, que defienden a los hermanos de la parroquia…esto es un collage viviente, y así, en cada jornada, hierve el puchero en el infierno de tantos suburbios, en esta tierra socialmente enfermiza…y nada puedes hacer, salvo, esperar tu ración de garbanzos…

01-abril -2013









 

domingo, 16 de abril de 2017

Sueños de Carretera y otros caminos.(15 Junio 2013)



“Fuimos hijos del camino, solitarios viajeros,
aventureros y solidarios isleños escuchando 
los rezos de madrugada de una tierra sagrada, herida…”
Por aquellos tiempos, corría 1977, tenía un pato que solo comía “chocolate”, que era lo que más sobraba, les vendíamos a los pijos de la costa brava, así fumábamos gratis y sacábamos para pasar el verano. Había que tener cuidado, pues los polis te requisaban y luego vestidos de paisano, lo vendían ellos.
 El viejo Alex, envió una postal de Berlín, acompañada de una carta, donde me hablaba de su camino, de la búsqueda del amor, de los días cargados de alcohol y drogas y las noches recorriendo ciudades, tocando la guitarra y sintiéndose solo y desgraciado…Le contesté una de esas noches en las que iba muy cargado, pero se que le escribí y le decía que viniera, que viniera aquí que nos lo estábamos pasando en grande.
Esos días nos alojábamos en el apartamento de Benny y su hermana Andrómeda. Richie, el pato, vivía bien, le puse el nombre por un chico yonqui que salía en una novela, creo que era de William Burroughs, Richie, el pato se bañaba con nosotros, en la piscina compartida del edificio, escuchábamos a los Stones, Hendrix, Janis, Neil Young y todo tipo de música blues, rock y jazz…Richie, el pato, iba tan ciego como nosotros.
Hablo de plurales porque en aquella época, intentamos ser hermanos todos, y parecía que lo conseguíamos, pues íbamos conociéndonos en el camino, allí en Platja D'Aro, conocimos a carmen, una chica Sevillana, a unas muchachas rubias y esbeltas de suecia, que trabajaban en una tienda de ropas en Palamós, alternábamos también con Mustaf y Alí, dos hermanos de Marrakech que llevaban las atracciones de feria por lo que obteníamos fichas para divertirnos en los coches de choque y esos trastos…teníamos 16 años, Mustaf y Alí eran unos años mayores y Joan Sebastian era  Afroamericano, y  desde el primer día que lo vi, decía muy a menudo, lo cual nos hacía reír a todos los que ya lo conocíamos:

-Mañana, Hermano,  me voy a Inglaterra, cuando me levante al amanecer, comenzaré a sacar  dedo, rumbo a ese gran país…

El apartamento de Benny y Andrómeda siempre estaba lleno de gentes que “alojábamos”, quién no tenía donde dormir, allí tenía un espacio, así conocimos a mucha gente del “rollo”, se llamaba gente del rollo, a este movimiento underground, tipos enrollados, músicos, escritores, actores, poetas, pintores, fumetas que viajaban en auto-stop y experimentaban la vida y sus sustancias, recuerdo que Castor me enseñó a sacar tabaco de las máquinas ¡Qué fácil era todo! Dormíamos arropados por  las notas de Morrison, Bowie,  Joplin, Lou, Clapton o los Creedence, Stones, Who, Kinks, Marley, Dylan o Cohen, con el Soul de Otis Redding, Aretha Franklin o Sam Coock…Gracias a unos colegas que trabajaban en una discográfica, conseguíamos ir gratis a los conciertos ¡Qué noches tan fantásticas!

Por fin llegó Alex, totalmente borracho y fumado como siempre…esa noche nos dio un festival de guitarra, hicimos un pequeño concierto, tocando bongos, armónicas, flautas y cualquier instrumento improvisado que sonara más o menos bien.

Unos días después me largué a Ibiza y Formentera, les dejé a Richie, el pato, a su cuidado…cuando volví unas semanas más tarde, nos encontramos en Barcelona y me explicaron que Richie, el pato, había palmado, ahogado en la piscina, me supo muy mal…dos meses pasaron cuando me enteré de que Alex murió por sobredosis de “jaco”…poco después, fueron Benny y su hermana Andrómeda.

Y cuando al año siguiente, me tropecé con Joan Sebastian, tomamos una absenta en el bar Marsella, se mostraba muy contento mientras me decía:

- Mañana, Hermano, me voy a Inglaterra, cuando me levante al amanecer, comenzaré a sacar  dedo, rumbo a ese gran país…

Fue realmente una generación perdida, rebelde y a punto de cambiar el mundo…













domingo, 9 de abril de 2017

Láminas (callejeras...)



 Entre los reflejos del cristal, alguien se esconde ¿es un maniquí o la sombra del fotógrafo? Rascacielos, monumentos, desnudos, famosas modelos, actores y actrices, músicos, playas desiertas y blancas dunas de arena, cielos de nubes, casas blancas, pórticos azules, vigas de madera y escalones infinitos, pueblos de pescadores que dan a una cala tranquila, albergues y paisajes de montaña, altas cumbres, tormentas y gente paseando por los canales de la gran ciudad, tumultos y conflictos bélicos en palestina, la moda de Nueva York y París, garitos de Jazz y timbas de boxeo, carriles de trenes, tranvías de Lisboa y autos antiguos en Cuba, bosques, selvas Amazónicas, indígenas, tala de árboles, grutas, cuevas, chicas en lencería, autopistas sin límite, islas y mares, ríos, cataratas, bailarines rusos, deportistas de élite, cuadros y retratos de erotismo, representación de teatro, glamour, ancianos y el arte modernista, cafetería y sillas, venta de pescado  en el puerto ¿ en 1959?, huelgas y represalias, soldados en la batalla, armas, balas y fusiles, navajas y cañones.