lunes, 1 de octubre de 2018

Una simiente que crece hacia el interior… (Julio 2018)


 Querido amigo Celedonio, en estos días, pasan demasiadas circunstancias “fortuitas” en las que no me recreo y sin embargo sufro sus avatares. No sé ciertamente si vivo otros momentos o quizá la mezcla de sueños y olvidos, han reflejado mis mundos paralelos…atormentado por presuntas situaciones existentes, que al procurar investigar  los alrededores del hipocampo, la memoria circula en espiral y así a menudo sueño (O creo soñar que lo hago) vidas que es imposible que haya protagonizado.
Como ir conduciendo durante años al trabajo, cuando no tengo carnet,  ni auto, y tampoco tengo trabajo…entonces al salir a la calle no sé donde dejé aparcado el vehículo y es entonces cuando pienso y me pregunto si es real mi preocupación.
¿Será sueño, fantasía y realidad la misma corteza cerebral de la consciencia, inconsciencia y subconsciencia?
Amigo Celedonio, otras veces me río a carcajadas y dejo que el sueño me utilice, que me lleve consigo y pido humilde pero encarecidamente que no me haga volver jamás a ésta promiscua realidad tan absorbente…Pregunto sin respuestas, así convivo con las oscuridades de las calles de mis pensamientos, humedecidos por la tormenta del sábado.
Recalo en la nostalgia de la incertidumbre ¿error o temor? Y lo único que sé bien cierto es nuestro transitar, Celedonio, compañero de aquel pretérito tan vívido y fantástico…Aquel norte sureño abierto a los 4 vientos.
Bien, como te iba contando, anduve mucho tiempo sin identidad. Me olvidé de ser yo y creo que me largué… ¿A dónde? No tengo idea, no sé, oí hablar de existencias opuestas y me invadió el silencio, el miedo me atenazó y diría que no dormí ni soñé en días, claro que quizá en esos momentos ya no conseguiría saber nada de nada, qué vacíos visité y si la paranoia se vistió de lapsus ingrávidos…Busqué tierras menos hostiles donde depurar la piedra que llevaba en el alma…
Te escribo ahora mismo con la inocencia de un niño. Debes creerme, pues si tu no lo haces, nadie lo hará…es terrible observar como el pasado se muda en hojarasca otoñal y poco a poco ver que va desapareciendo, si tardas demasiado me habré disuelto, lo intuyo y cuando llegues a mí, seré como el horizonte que nunca puedes alcanzar…













sábado, 22 de septiembre de 2018

Ya no tienes edad para envejecer. (Septiembre 2018)


La ausencia de voluntad da pánico en el escenario por el que transitamos en esta vida.
Ya no tienes edad para envejecer.
Ansiedad y parada cardíaca, andan por las aceras del bulevard…Pero tú huyes por un callejón sin salida, al girar la esquina, balas y navajas, Vómito y sangre…la suerte del predestinado.
Llevas tu píldora mágica y roja en el bolsillo del chaleco, junto al reloj parado, de tu abuelo muerto en el paredón de la guerra civil española, y  tu reflexión cotidiana perpetuamente en el pensamiento, escondido bajo el sombrero clásico, de fieltro negro” stetson penn”.
Fluyen las enfermedades, las pastillas y las prohibiciones, como si te adentraras en un submundo marginal, para tomar conciencia de un cambio de hábitos y algunas lecciones de desahucio, soledad y mutación física y mental… ¿Dónde marcharon tus recuerdos…?Centenas de ojos te observan desde el tragaluz. Es el albor anímico. La quietud del alma aposentándose sobre su espacio primigenio…la calma y la paz de los elementos y el miedo a tener miedo. Manifiesto de un griterío que se apacigua, despacio y poco a poco…ritmo sensorial, testamento encadenado a un término de estación…La última parada de este viaje migratorio…














jueves, 13 de septiembre de 2018

La gran depresión americana… Gran crisis mundial…segunda gran guerra. (Septiembre 2018)


Tantas cosechas imprecisas, años 30, la gente está digiriendo, otros vomitando el crack bursátil del 29.  Campamentos improvisados, camiones destartalados, abuelos, padres e hijos huyendo por las carreteras de tierra, con sus maletas y su silencio migratorio. Sin dinero, sin trabajo, sin hogar, sin ilusión. Los desheredados, los sintierra, los desnortados, marchaban hacia una búsqueda vital. Familias enteras con cuatro cacerolas y un fuego calentando el alimento espiritual y la sopa de pan…  se vivía a base de leche en polvo, habichuelas secas, y patatas.
 Prende la hoguera en los corazones de los perdedores.
 Aquel sueño en que creían, en un lapsus, se convirtió en una cruel pesadilla. Una putada del destino, brutal paliza al interior humano, toda una generación desgarrada…hecha añicos.
Unos granjeros en el camino tiraban de un carro, repleto de ropas, medias pintarrajeadas  y otros cacharros…mientras,  para espantar a los espíritus de la miseria y la desidia, entonaban a coro una canción que hablaba de los tiempos que corrían por esos días:
“…Medio millón de botas arrastrándose por el infierno
Yo era el crío del tambor. Amigo, ¿puedes darme una moneda de diez centavos?...”
La gente perseguía un lugar donde asentarse, trabajo y dinero para sobrevivir…Hacían tremendas colas para recibir ayuda del gobierno.
Rebuscaban en las basuras, se crearon “refugios”, los hombres saltaban a los trenes y viajaban en busca de empleo. Con la desnutrición llegó la tuberculosis y los inmigrantes “peleaban” por la faena con la población nativa…
La discriminación fue espoleada por los grupos nacionalistas de derecha.
Recuerdo “Las uvas de la ira” que describe la dramática supervivencia de la época y “Danzad, danzad malditos”  que cuenta las maratones de baile, que se organizaron en la gran depresión. Concursaban, desesperados por ganar unos dólares para comer y dormir bajo techo…
Dorothea Lange “la fotógrafa del pueblo”,  Arthur Rothstein, Walker Evans y Gordon Parks  fueron algunos de los encargados de documentar con imágenes y vivencias este periodo de carencias y desequilibrio social…
Luego  llegaría el personaje del bigote, que para ganarse el pan, pintaba cuadros sin vida y a la sazón, explosionó La segunda gran guerra mundial…















viernes, 7 de septiembre de 2018

Nacer es pasajero… todo recto, sin mirar atrás. (20 agosto 2018)


Ya conocemos que aquel beso fue robado y que los espejos no le devolvieron la imagen lírica de sus pensamientos y niños y adultos miraban al cielo, mientras sonaba la alarma. Los aviones bombardeaban y en el refugio estaban a oscuras, con el temblor de la incertidumbre. En la caja de cartón duerme un soñador que vio su botella vacía y hundida en el río “quitapesares” mientras que los ángeles van en bicicleta a los burdeles del paraíso celestial.
Le suministrarás las huellas de la mano y luego abrazarás sus huesos moribundos, péndulos de plata que culebrean enterrados bajo cualquier  período fragmentado… crecen los instintos de conservación. En un espejismo desértico, hallarás agua potable a 20 metros bajo tierra. Allá en los suburbios amurallados, solo descubrirás violentas degustaciones de posibles pasiones rebajadas con alcohol de quemar.

El interrogante emerge sobre las calles adoquinadas, sigue las señales entre los tatuajes de la piel del hechicero de la tribu. Rituales de perlas africanas y mutilaciones genitales…
 Nacer es pasajero y nos lleva por la última carretera a un pueblo de hostilidades. Nos conceden  escenarios, paso a paso, desde el sueño del idealismo más puro, hasta el laberinto literario.  Aspira el humo y no te quites la ropa, aquí la seducción paga un precio elevado. Ellos discuten decisiones para los “cachorros” de las guerras álgidas del arrepentimiento, y los chicos se agarran a las faldas de sus madres…que lloran sobre tierra yerma, donde nada crece, ni siquiera sus hijos, chiquillos soldados.

Presta atención sobre algunas fotografías de guerras civiles y reflejos de indigentes balbuceando canciones de los 60s. En los mercados de la mañana queda pescado y algún gato en las esquinas…relamiendo espinas.



















domingo, 2 de septiembre de 2018

Resurgen los pasados, aquellos que siempre habían estado aquí presentes y creíamos muertos y enterrados… (Agosto 2018)


La fotografía debiera tener el objetivo de “guardar en la memoria” aquellos instantes de celebración, paisajes, retratos de la familia y amigos, momentos que queremos inmortalizar, inolvidables e idílicos. Más también capturar el tiempo y fotocopiar su paso, a veces devastador…todos nos iremos, pero las imágenes pernoctarán, como antaño se tenía la pobre costumbre, en una vieja caja de zapatos de cartón gris.
A veces (siempre a veces, nunca siempre) vemos belleza, tristemente, en los ancianos y sus rostros arrugados como lodo seco en el lago de las infancias. En mendigos, borrachos y yonkis que duermen en las calles o los que decidieron cruzar el infinito (vagamundos) para conocer las innúmeras culturas de esta tierra.
En los Beatniks de los 40 y 50 en aversión contra el “American Way of Live” o los hippies de los 60 en rebelión por la guerra de Vietnam y el sistema materialista, capitalista…Claro, también se cubrieron las guerras mundiales, el apartheid, desastres naturales, los ambientes de Jazz y Rock…Si no fuera por los reporteros, seguiríamos engañados, sin noticias, como cualquier país gobernado por dictadores…
Paralizando las piedras del camino con varios clicks, una mujer negra fuma un enorme puro habano. Una pareja baila un swing americano, frente a un Mercedes benz 170 v del año 1937…Observo, sin mover un dedo, sin pestañear, junto a las autoridades alemanas, los linchamientos de “La noche de los cristales rotos• allá en noviembre de 1938…Demasiadas guerras y ninguna paz.
















martes, 28 de agosto de 2018

“No creo que la muerte cambiara demasiado mi vida” (Agosto 2018)


Federico recorrió aquellos tiempos, los que ni tú ni yo recordamos. Él volaba bajo las húmedas tierras, sorteando raíces milenarias, mientras dábamos giros a nuestras  lagunas reales, entre sueño, esperpento y fantasía…Federico, conoce lo que los años nos esconden…no vivimos lo que no ha sucedido, solo son oasis en la mente, espejismos surrealistas en el pensamiento. Lavados cerebrales.
Somos “máquinas incivilizadas”, en esta época,  no tiene cabida el transitar sobre líricas… los caminos paralelos del romanticismo desaparecieron por asfaltos de evolución…tráficos superpoblados, accidentados y violentos.
Federico, se agarra con fuerza a la rama de olivo… Los únicos andurriales que nos quedan, son las hermosas letras que argumentan edenes y elecciones libres.  Nos conceden  escenarios en los que hay que pagar tu propia existencia por adelantado…ramificaciones de quimeras, cortinas de humo para crear la “sinvida”. Polvos en la bebida, drogas de diseño para errar sin billete…solo de ida, por favor…quédese con la vuelta.
Federico, me contó antes de ser ejecutado, que “la muerte no cambiaría demasiado su vida” tras lo cual recibió cinco proyectiles en el corazón y como no expiraba, un “tiro de gracia”en la sien…Murió sonriendo y con un guiño extraño en un ojo…en la solapa una flor roja, sin espinas…Creo que resucitó al tercer día…