lunes, 15 de julio de 2019

La ley de la selva… (Enero 2019)



Todos somos emigrantes. Llegamos a una tierra que no es de nadie…una hacienda sin dueño. Y envueltos en aguas sucias y sangrientas de confusión, nos deja la mar, en su playa desierta, en la orilla perdida del llanto y el desconcierto, sin raíces y sin escamas resbaladizas…Papá universo se desentiende y nos olvida a las puertas del Código de Hammurabi y su ley del talión…Aquello es una estancia, donde nadie nos atiende y gateando cruzamos un vacío gélido y putrefacto que ya no nos abandonará a lo largo de la existencia y de repente nos encontramos en la selva, donde su ley nos esclaviza y debilita y divide…y aquí seguimos, “no siendo”, en una madre tierra conquistada y violada por sectas ignominiosas…


 






sábado, 20 de abril de 2019

Damas y caballeros, hagan sus apuestas… (8 de Marzo 2019)


No debería haber días de nadie, días de nada. Puesto que todos los días tendrían que ser nuestros, días de todos.
Días de todos los seres vivos.
Los colectivos más hostigados, en nuestra historia…continúan siendo mancillados, algunos han celebrado reformas…más la lucha persiste y no tiene pinta de acabarse nunca.
Es ésta, la nuestra, una sociedad de falsas apariencias y engaños sociales. Tierra fecunda de Kukusklanes y hongos atómicos. Inquisidores de razas, creencias y géneros… Oscurantistas: malditos demonios que pueblan los gobiernos y quieren dominar el planeta.
Un mundo que no aprende de su historia, de sus trágicos e inmortales pasados bélicos. De sus ciclos conflictivos. De la pandemia de los pueblos…No debería haber días de nadie… No tendría que haber días... tal vez para nadie.












viernes, 22 de marzo de 2019

Sed felices… y no me toquéis las narices… (20 Marzo 2019)


Coqueteando suavemente sobre la húmeda hierba de pre invierno, se contonea tímidamente una pequeña flor de entretiempo, desnuda de tallo para abajo. Los enanitos del bosque se abrigan con gruesos jerséis,  mantas y gorras…
Faltaban pocos minutos para la medianoche, la niebla habíase disipado y allende de los ríos trucheros del norte, las abuelas de blancanieves tejían canastos y lavaban lana,  los cazadores de lobos, criaban algunos caballos y confeccionaban baratijas de hierro, caperuzas rojas y cuero.
Bajo unos árboles, alrededor de las carrozas y caravanas, las familias del reino, cantaban, tocaban la guitarra y las palmas, mientras bebían de una bota de vino, se pasaban de mano en mano un cigarrito de la risa y mantenían encendido el fuego de la vigilia con sumo cuidado de no quemar al niño de madera. Una espada de caramelo se hallaba cual leyenda anclada, encallada en una roca, nadie conseguía despegar el susodicho chuche de fresa y limón, hasta que por casualidad, un día pasó por allí la hermosa madrastra que perdió en unos traspiés su zapato de finas hierbas del campo y al caerse sujetó del dulce empalagoso y sin quererlo ni beberlo, el azucarado espadín cedió…la gente alrededor del fuego dejaron de cantar, de tocar la guitarra y las palmas y conociendo la fábula, corearon a pelo un ¡ooooooh! de asombro y acto seguido vitorearon a la bella que por su fuerza, llamaron bestia y allí mismo fue donde conoció al gran mago Merlín que trabajaba en un circo de las afueras de la ciudad de Nottingham. Entonces un famoso ladrón, un tipo al que llamaban Robin el truhán, por arte de birlibirloque se hizo con la espada, la cortó en pedacitos equitativos y repartió éstos con los tres cerditos y un tal Guillermo Tell que paseaba con su hijo, el cual llevaba una manzana en la cabeza…

En estas tierras mágicas, nadie muerde manzanas envenenadas, no hay ánades feos ni asesinan a madres de cervatillos desvalidos.
Peter el pan-adero, se quedó chico y no volvió nunca jamás a ver luciérnagas (cerditas de luz) y sí al capitán de 15 años que andaba perdido, buscando Valparaiso allá por los mares y selvas de las costas Peruanas, eso cree y cuenta el teenager.
Cualquier parecido con la fantasía, es pura realidad. Y como decía tartamudeando, un famoso conejo de la suerte, de los años 60: Esto es todo, amigos…













sábado, 16 de marzo de 2019

En los primeros años tenía, cierta precaria noción de tararear “Massachusetts” de los Bee Gees…(Junio 2018)


Los muchachos se divierten en el Billie’s, jugando a las máquinas del millón, escuchando discos del jukebox, fumando maría y tomando cerveza con grosella…Son los años 60’s.
Hace calor, los críos bulliciosos, se mojan en la única fuente del vecindario. En los charcos de agua creados, beben los perros callejeros y crecen las malas hierbas (ésas que nunca mueren)…al mismo tiempo cruza un viejo Moskvitch del 63…Un joven negro les mira desde la ventanilla de cristal, acribillada el sábado a la noche, cuando salieron a divertirse un poco por el barrio…llegaron de improviso los “Killers boys” con armas blancas y de fuego...y todo se disparó.
El padre está tumbado en la cama fumando un cigarrillo, se quita la camisa…hace calor y la mujer observa desde la ventana abierta, con mirada resignada, viendo el guetto en el que habitan tantas familias inmigrantes como la suya, hacinadas en los suburbios de las grandes capitales…

Familias cuantiosas de Harlem, Detroit (Ciudad del Estrecho) o del Bronx, amontonadas en habitaciones herrumbrosas…En las calles, las mujeres refrescan sus ardientes temperamentos. Alguien toca el violín en la tercera esquina. En la timba “la casa de los Arapahoes”, Muhammad Ali, golpea fuerte sus puños, hasta romper los 
guantes de piel de vaca, en la cara machacada y ensangrentada del contrincante. El público mafioso vitorea con enormes puros en las bocas y el humo cegando sus ojos (sí, como la canción de The Platters) En el callejón de la salida del antro, una pareja abrazada, se besa mientras en el suelo, dos indigentes, tosen bajo gruesos cartones y escupen sangre. Las bicicletas pisan las sombras de hombres invisibles que viven escondidos en las alcantarillas y desde los cielos echan destellos de lluvia con barro del sur…




















domingo, 24 de febrero de 2019

Proyectiles de fogueo acariciando las mentes tiernas de la infancia… (Febrero 2019)


La sangre brota en las aceras y los jóvenes desempleados vagabundos, recorren los mundos de alcohol, drogas y enfermedades mentales. Al amanecer pernoctan en los tenebres rincones huyendo de la luz del sol. Si quieres verlos ya es demasiado tarde, muchos cogen el próximo tren hacia el sur para asistir a las fiestas de la playa…Son eternas estrellas, viajeros nómadas, al azar de su destino en las tabernas del infierno y sanatorios de  carretera… mientras intentan olvidar a sus desmembradas familias tras las guerras y las crisis sociales… Muestran su descontento con la sociedad e imitan el salvajismo de sus padres y hermanos mayores, peleando con navajas y puños por cigarrillos y cervezas y por mantener entre el dominio público, lo que ellos creen, dignidad y respeto.

Barrios desérticos, callejuelas oscuras de adoquines brillantes de las lluvias de anoche. Tribus urbanas de adolescentes nacidos con los odios y las violencias de la guerra. Las chicas lucen las primeras minifaldas y bailan Rock & Roll en un antro-bar-garaje. Rebeldes de los años sesenta, las bandas quieren hacer saber que son los más duros y toman anfetas y speed (la coca de los pobres) para evadirse del escabroso escenario que en la fatalidad les ha tocado actuar…
Asimismo por las calles bombardeadas, juegan los niños y niñas. Entre escombros de metralla y ruinas arquitectónicas  que ya forman parte del paisaje cotidiano. Lo único que han conocido sus cortas vidas…
Los desiguales niveles de clase van caminando, juntos, por las calles de las ciudades, por un lado marchan los ejecutivos del poder financiero y por el otro, hombres con menor fortuna en el juego de la existencia, llevando con esfuerzo y sudor, sus equipajes sobre los hombros…
Me pregunto quién habrá repartido las cartas, y quién habrá hecho trampas en este gran juego diabólico…
Es el nacer de una especie ruin, vengativa y destructiva que nada le parece bastante para llenar sus arcas, ni como lograrlo…Son asesinos sociales que con sus leyes y actos ultrajan a las clases más humildes y vulnerables y les despojan y lapidan sus ideales, su economía y ya mayores y enfermos les dejan agonizar en cualquier paraje aislado del inframundo…












martes, 5 de febrero de 2019

Momentos desnortados...


 La gente pasea a sus mascotas, el chico de barrio lleva a su hurón en el bolsillo y a un pequeño pájaro tropical sobre la tela de fieltro del sombrero clásico de Fedora…En el parque cercano a casa, hombres jubilados de china tienen colgadas de las ramas de un árbol frondoso, jaulas con pájaros cantores Huamei (cejas pintadas) Cada día los pasean y llegan hasta aquí bajo la fresca sombra del ramaje,  para jugar a cartas, hablar, reir y leer el periódico…Hoy hay manifestación de pensionistas enfadados con el gobierno.

Los empleados trajeados del metro, ayudan empujando a las personas para que entren en los vagones, resulta muy difícil en las horas punta…un grupito de chicas sonríen, coloradas.
Allá en la plaza, duermen los indigentes, junto a la fuente de los tres caños. Algunos con resaca se levantan con mal humor y dolor de cabeza…los turistas cruzan miradas, pero no dicen nada. Unos saltimbanquis se ganan unos euros dando saltos cirquences, y Samuel con el acordeón los acompaña…En el pequeño local “sureños desnortados” estos días se pueden ver exposiciones de fotografía de Robert Frank y Ed Van Der Elsken con columnas de poemas de Jack Kerouac y amenizado con música de Charlie Parker (Bird) Miles Davis, Dizzy Gillespie  y Charles Mingus…En el café “Libertad”, alterna la bohemia con los angeles del infierno, los Beatniks y vendedores de humo, doctores inventores de elixires, mujeres barbudas y enanos trapecistas…


 







martes, 29 de enero de 2019

SALA DE REPOSO… (25 Enero 2019)


Durante una larga temporada estuve recluido en una casa de reposo, allí en la “Sala número seis” de Antón P. Chéjov. Compartí celda, comedor y patio con Iván Dmítrich Gromov…No es muy agradable cerciorarse de que afuera, han quedado los orates. Esos personajillos que van a un puesto de trabajo a que les exploten. Que baten su honor en duelo por jóvenes damiselas y delinquen por tierras, propiedades y dinero, ese vil metal que corroe la substancia y paraliza la evolución del fruto del espíritu benigno.
Viví con calma en el hospital mental. Pude pensar y escribir algunas tesis sobre la enajenada sociedad capitalista.
Cuando por fin salí, una tarde lluviosa y gris, anduve por las calles sucias y macilentas del viejo barrio portuario de Barcelona. Esas callejuelas con resonancias de las últimas guerras que padecen el frío de las victimas engañadas. De los golpes y tropiezos, contradicciones y descubrimientos de crudezas veladas. 
Entre todas, elegí una pensión regida y alternada por meretrices, era muy barata y humilde, con una habitación austera y miserable. Era sin embargo, todo lo que necesitaba: un pequeño camastro y una mesita de madera, llena de quemaduras de cigarrillo. Una lamparita con una bombilla fundida y baldosas de cerámica catalana, algunas rotas, muchas sueltas sin yeso y al pisar sobre ellas bailaban al compás del hambre y los retortijones en el estómago. Solía comprar una barrita de pan con cornezuelo espiritual, una porción de queso y vino tinto…y así pasaban los días y las noches y no dejaba de lloviznar a este lado de la ciudad.