Nacer y
crecer en silencio…sobre la penumbra del sombrío rincón. El hombre enlutado
piensa en nubes frescas y perladas, recaladas con el viento del oeste…cargadas
de agua… ¡hace tanta falta la lluvia en este descarnado desierto!Rasgueó
en su diario y dio largos paseos por los bosques de árboles segados, para el
consumo de los humanos…rasguños naturales. Echó una ojeada alcielo. En aquel lugar, a más de dos mil
trescientos metros de altitud, se respiraba bien…caminos sin petroasfaltar, el
poblado yermo y sereno. Colosales lagos…paisajes de perspectivas imperecederas
que residieron en su niñez, los conmemoraba en la adolescencia y actualmente,
ya en eloscurecer de su existencia, resolvía
reaparecer a sus vírgenes praderas. Hierba verde y rebaños pastoreando sin
limites, ni cercados prohibiendo la vida…juguetea con el tiempo que le queda, y
atraviesa el puente de troncos cercenados, montado sobre el frío riachuelo…en
este punto, un remansoabate en cascadas
sensoriales para su espíritu nativo, esencia,que se desazonó en la metrópoli de la demencia…de miradas hundidas, en
muros emparedados de cemento y corazones fracturados. Apremia salvaguardar la
distancia y emerge solitaria la flor de una sola noche, resplandeciente luciérnaga,
sombra que le cobija entre los susurros de los grillos y el pájaro de ojos
magnos…en sus sueños los amores crujen…en la lejaníadel espacio sigue rodando la rueda de la
esperanza, mientras silban cuchillas y proyectiles…El personaje sufre con los
pensamientos del ciclo pasado y fuga sus evocaciones como héroe proscrito…por
fin caen gotas y los nubarrones prometen tempestad… regresa contento y mojado,
hacia la casa, donde le espera una lumbre de paz y calor…por el camino entona
una canción de Dylan…sólo el viento sabe la respuesta…pregúntale…
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