Recuerdo al bajar del avión, el golpe denso
de la calima en la cara, aquel clima abrupto me fulminó a fogonazos…el desierto
oscureciendo, los cielos sangrando y el malecón atiborrado de ojos,
observándome, bizqueando con curiosidad, personajes singulares de distintas
castas, tatuajes y clases sociales, se congregaban allí solo para estudiarme y
solazar su bostezo de jornadas simples y silenciosas. Aquellas gentes pretendían
huir de la monotonía y el hastío, viendo desfilar a extraños y desconocidos
viajeros que, llegaban del aeropuerto, y cultivando posibles enigmas de interés
en las existencias de éstos, ingeniaban fantasías sin conocer sus realidades.
Malcom, el anciano guía vino a mi
encuentro, obligándome, a desviar la panorámica, de una niña joven continental
que pintaba en un lienzo mi pensamiento…eran colores grises, entelequias sin
oasis…dibujó mi ánimo y yo le sonreí con cierta fascinación y condescendencia…
Caminamos unas horas hasta llegar a una
gran tienda de campaña, ésta sería nuestro hogar durante las semanas que durase
el exilio, que me había traído hasta estos extraños parajes, lejos de la
civilización.
Cansados, Malcom y yo nos derrumbamos en unas
dormilonas de redecilla, el calor, el viaje y lo andado me subyugaron al
hechizo del sueño, no tardé en atravesar las puertas de la percepción y mis
pasos interiores marcharon tras la huella de la joven artista…Ella seguía con
sus pinceles, junto a un mar de aguas bravas, trazó un horizonte lejano y le
pregunté
¿Podré llegar hasta él?
Ella cerró sus ojos y susurró al viento…es
una perspectiva onírica, le ayudará a desposeer la zozobra y la congoja que le
afligen, su bajel navegará en calma, sin turbaciones ni cantos de sirena y
conseguirá llegar hasta la orilla de la reflexión y el entendimiento.
A continuación la quietudavivó el alma que facturaba excesivo bagaje
en el tiempo, sentí ligero mi espíritu y miré a la muchacha…
Hermosa chiquilla ¿cómo logras aligerar mis
enquistadas magulladuras? acarreo ciclos de ostracismo y persecución hacia mi
persona…razono que de nuevo mi corazón torna a palpitar con medida uniforme y
sé que tus bosquejos me serenan ¿Qué prodigio es éste?
Señor, conozco los colores de conciliación
que tanta falta le hacen, no hice más que dibujar en su sueño…garabatear,
abocetar sus ilusiones y necesidades internas y exhalar mi aura depuradora que
en esta tierra le custodiará eternamente…
Estoy seguro de que no alcancé a despertar
jamás…y ahora mismo me hallo en etéreo vagabundear entre los óleos y pinceles
de aquella niña prodigiosa que sigue pintando mi verdad en su lienzo, mis
auténticos matices de la existencia.
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